“Chicureo”, el Aprendiz

Como un fervoroso hincha incondicional de la Selección Chilena de fútbol, Francisco asistió al estadio a todos y cada uno de los partidos de local para la clasificación al Mundial de Sudáfrica 2010. No sólo el fútbol había sido su más genuina pasión, sino el deporte en amplitud; pues siendo un alumno diagnosticado con déficit atencional e hiperactividad durante su período escolar, despertó su interés por la realización de actividad física de forma profesional apenas con ocho años de edad, compitiendo en diferentes certámenes de bicicross, entrenando fútbol en la Escuela de la Universidad de Chile en su etapa de preadolescente, e incluso incursionando en el mundo del atletismo y vóleibol, representando a su colegio, cuando ya asomaban los primeros brillos de su juventud y contando con el fundamental respaldo de sus padres.

Fue entonces cuando decidió estudiar Educación Física y dedicar su vida al deporte.

El trabajo con los niños es la pasión del profesor Francisco Quezada.

La Copa del Mundo en tierras africanas y su generación dorada cambió la vida para muchos, incluyendo la de Francisco. Su amor por el fútbol despertó un hambre todavía mayor por alimentarse de conocimientos. Por eso, una vez finalizado el primer juego ante la escuadra de Honduras, el egresado profesor de Educación Física, que ya trabajaba como tal en el colegio Santa Cruz de Chicureo, se inundaría de inspiración para escribirle una carta de puño y letra al director técnico Marcelo Bielsa, solicitando la oportunidad de poder asistir a algún entrenamiento y conocer sus sistemas de organización.

Recibió respuesta desde el Complejo Juan Pinto Durán una vez culminada la cita planetaria y haber retornado con la frente en alto tras ser eliminados por los brasileños;  agradeciendo sus palabras e invitándolo para visitar las instalaciones. Era un asistente de Bielsa quien firmaba, pero no motivo menor para impregnarse de ilusión al recibir tan magnífica oportunidad.

Llegó hasta el lugar expectante, donde los deseos de conocer sus métodos fueron aceptados por los asistentes de Bielsa con el compromiso de realizar trabajos investigativos e ir ganando un espacio dependiendo de los resultados que pudiera entregar porque, según sus propias palabras, esas eran sus maneras de enseñar.

Francisco selló el trato. Al cabo de algunas semanas les entregó diferentes tipos de misiones y trabajos de forma eficiente y puntual y, en una de las tantas jornadas donde era citado para recibir nuevos desafíos, sorpresivamente quien lo estaba esperando era por fin Marcelo Bielsa. Sus manos se estrecharon, caminaron juntos por las canchas del recinto al mismo tiempo que el legendario conductor de la Roja le formulaba diferentes preguntas para conocerlo mejor. Hasta entonces el joven profesor de Educación Física pensaba que su búsqueda y situación era exclusiva, pero aquel día supo que ya existían otros voluntarios desarrollando sus mismas labores con el mismo objetivo: aprender la metodología de trabajo del cuerpo técnico de Bielsa y sus gladiadores.

Cuando Marcelo supo que Francisco era profesor en un colegio de Chicureo, comenzó a apodarlo con ese mismo nombre, el “Chicureo”. Le permitieron presenciar entrenamientos de la Selección, lo capacitaron para elaborar informes acerca de jugadores y también le enseñaron a editar videos de entrenamientos y partidos de fútbol. El profesor formó parte integral, de esta manera, del selectivo grupo de voluntarios aprendices de Bielsa, conformado por apenas seis personas.

Nueve años más tarde Francisco Quezada, que todavía trabaja en el Colegio Santa Cruz, siendo director de segundo ciclo, teniendo una serie superior de fútbol a su mando, quien tiene una esposa a quien no le interesaban los deportes y que motivada por él logró practicar incluso surf, que tiene dos hijos pequeños que nunca faltan alegremente a sus talleres de natación; continúa sumando nuevas armas para contagiar de su pasión por la vida sana a los demás.

La familia, su gran motor. Junto a su esposa Constanza y sus hijos Martín y Pedro.

Una de las más grandiosas experiencias de toda su carrera, no tiene dudas, fue tener a cargo a la categoría infantil de fútbol del Santa Cruz, los campeones de la comuna de Colina, representando a Chile en el campeonato internacional Copa de la Amistad, disputado en Perú un particularmente caluroso verano de 2019, proyecto de la Fundación Ganamos Todos.

Su labor en el Colegio Santa Cruz también lo llevó hasta Rapa Nui con sus guerreros.

No pudieron avanzar a segunda ronda, pero el viaje los reunió con más fuerza. Se enfrentaron a la ineludible realidad. Recordaron el sabor amargo de la derrota y volvieron a soñar con el triunfo, comprendieron el valor del trabajo con esfuerzo. Conquistaron las cumbres de Machu Picchu y descansaron paseando por las pequeñas avenidas de Cuzco, donde falta el oxígeno pero indiscutiblemente sobra la belleza.

El aprendiz “Chicureo” se convertía en maestro. La recolección de sus valiosos conocimientos, ahora serían compartidos hacia nuevos horizontes. Sabe que es un privilegiado, los 18 niños que lo han acompañado también. Observando su entorno se da cuenta de que otras culturas lo siguen nutriendo con mágicas enseñanzas. No quiere dejar de aprender.  Asume su responsabilidad con determinación, y es que no sólo le encanta y lo disfruta, sino que no se trata de cualquier labor. Se trata de sembrar el futuro, de querer sinceramente al país, de mejorar el mundo de forma entretenida y, por sobre todo, de ser feliz.

 

Francisco en la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. Ya comenzaba su acercamiento a Marcelo Bielsa.

 

El profesor Quezada, de celeste, en una imagen de 2006.

 

 

Junto a uno de sus hijos y al trofeo ganado con el Colegio Santa Cruz en un torneo de Universidad Católica.