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Juegos de Vida: “La experiencia al servicio de los niños”

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Desde Tandil, provincia de Buenos Aires, Argentina, llegó Mario Véner a vivir a Chile en marzo de 1990.

Cumplirá la tercera década arraigado en estas tierras dentro de muy poco. Una vida de incansable movimiento, de experiencia maciza tanto en términos íntimos como en su legado profesional, dando admirables pasos con suma sencillez a través de una variada gama de escenarios.

Sin haber explorado el fútbol de manera profesional y ejerciendo su profesión de Educación Física, Mario recibió una oferta tentadora para desarrollarse como deportista de este lado de la cordillera en el club Deportes Linares. Y no lo pensó dos veces; se arrojó hacia la costa del Pacífico en un rincón de los campos del sur, Séptima Región, dejando tras de sí a su familia y su novia.

-Tenía que arriesgar- Asegura con sus propias palabras.

Mario cuando bebé junto a su madre Norma y su padre Antonio.

De Deportes Linares su carrera cruzó como un cometa de goles gran parte del país, bajo la vigilancia de un contraste de climas y paisajes, jugando como delantero por Puerto Montt, Deportes Antofagasta (cuya experiencia más inolvidable fue ser parte del plantel nortino que pelearía la liguilla nacional para la clasificación a la Copa Libertadores, tanto el año 1992, como en 1993, permaneciendo durante este período entre los cinco equipos más fuertes de la Primera División del fútbol profesional chileno), Deportes Temuco, Regional Atacama, Santiago Wanderers (club donde se corona como goleador del fútbol chileno en 1996, con una marca de treinta goles), Deportes Iquique, Huachipato y culminando su jugosa carrera en Deportes Concepción, cuadro con el que logró clasificar a Copa Libertadores en el minuto 120 de un partido definitorio ante Universidad Católica, con un gol agónico de Luis “Chiqui” Chavarría, año 2001.

Mario convirtiendo un gol a Colo Colo, jugando por Deportes Antofagasta, 1992.    Mario dirigiendo a Deportes Antofagasta 2008.    Mario luce su camiseta de 7 por Deportes Antofagasta.

Coincidentemente, junto al ocaso de su trayectoria futbolística, Mario no alcanzó a participar de este tradicional campeonato internacional, ya que ese mismo año y tras esta histórica clasificación, definitivamente acabó por retirarse del profesionalismo.

Desde aquel receso comenzó a dedicarse a dirigir niños en escuelas de fútbol y a la docencia como profesor de Educación Física en establecimientos educacionales. Junto con ello, también fue miembro del cuerpo técnico de Deportes Antofagasta desde el año 2006 hasta el 2014, lo cual desencadenó su decisión de establecerse en esta ciudad hasta el día de hoy, junto a su hija Antonia, de veinticuatro años; su hijo Mario Luka, de veinte, y un pequeño nieto, Martín, todos antofagastinos.

Mario junto a su mascota Biko.    Mario junto a su hija Antonia y su nieto Martín.

Actualmente el programa Jugamos Todos, proyecto impartido en conjunto con Minera Escondida y que comenzará su temporada 2019 en próximo mes de mayo, cuenta con el privilegio de contar con este destacado deportista como monitor de los recreos entretenidos en el Liceo Mario Bahamondes Silva de Antofagasta. Su gestión con niños y niñas ha sido notablemente integradora, ya que este es el establecimiento con mayor número de estudiantes extranjeros de la región. Las actividades del fútbol-tenis, básquetbol y vóleibol son dinamizadas por grupos y turnos tales que todos logren participar con respeto y enriqueciéndose del aporte cultural de cada nacionalidad.

Hace algunas semanas la Directora Ross Marie Díaz, durante una de nuestras visitas a las escuelas de la ciudad, nos comentó alegremente:

-Mario está completamente comprometido con el programa Jugamos Todos. Nunca falta a los recreos y permanece junto a los niños cuando ellos juegan. Tanto él como las actividades han significado un aporte extraordinario para la sociabilización de nuestros alumnos.

En tanto Mario, desde la humildad de su proceder y la grandeza de los resultados, recalca con enérgica confianza:

-Lo fundamental es que los chicos sigan realizando actividad física y recibiendo buenos valores.

Sin perder el acento natal trasandino, a los cincuenta y cuatro años de edad, su obra adquiere un carácter valioso porque se sustenta más en el ejemplo que en las palabras. Alimenta el sueño de quienes recién comienzan a vivir. Los ayuda a crecer. Y en este propósito, tal como lo hiciera en todos los clubes donde jugó, no deja a nadie duda alguna de que es un tipo que la rompe.


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