Juegos de Vida: «Pequeño gran Vicente»

Generaciones de una familia de beisbolistas en la ciudad de Tocopilla, cuya trayectoria no deja de impresionar, ha sido la cuna de crianza del pequeño Vicente.

Su bisabuelo, Arturo Bugueño, fue la semilla inicial para dar vida a este bosque de destacados deportistas profesionales. Traspasando sus conocimientos a Carlos Bugueño, su retoño, hasta llegar al último Arturo Bugueño, padre de Vicente, cuyo hijo mayor, Renato, sigue del mismo modo las direcciones de esta disciplina.

Vicente campeón 2018, campeonato Polio Plus de Tocopilla.    Vicente junto a su madre Yissela en Colegio Sagrada familia, 2017.

El padre de Vicente, sin ir más lejos, obtuvo en 1999 el Cóndor de Plata al mejor beisbolista de Chile, entregado por el Círculo de Periodistas Deportivos. Mismo premio que obtuvo su hermano, Cristián, el año 2005.

Pero en esta última camada de valerosos jugadores, el más joven de sus representantes sanguíneos, ha dado un vuelco inesperado dentro del clan, llamando la atención de toda la comunidad.

Es Vicente Bugueño Ruz, quien cursa Tercero Básico en el Colegio Sagrada Familia, el llamado a romper con el esquema familiar con sus llamativas habilidades en el balompié. Pues, pese a la abundante información capturada desde su nacimiento respecto al juego del béisbol, su dedicación se ha inspirado en la práctica del fútbol.

Asiste a las clases de la Escuela Deportiva SQM desde el 2017, allí su progreso ha significado un aporte para el resto de sus compañeros y sus profesores.

-Vicente se toma las actividades realmente en serio.- Comenta uno de ellos, Felipe de la Fuente- Demuestra un interés inigualable y pasión única por el fútbol. Es respetuoso y poseedor de un indiscutible talento. Este hábil goleador, además, contiene una enorme calidad humana- Agrega.

Vicente a los cinco años de edad paseando por Antofagasta.    Vicente a los cuatro años de edad, viaje a Cartagena de Indias.

Por otra parte, su mamá, Yissela Ruz, señala abiertamente:

-Es un niño muy ordenado y con una tremenda empatía por los demás, por lo tanto, es un buen compañero. El año pasado fue galardonado como alumno integral de su curso.

Piensa en grande. Cuando acaba la clase el sol ya ha sido masticado por el horizonte y el viento fresco envuelve el despertar de la noche. Nos acercamos hasta él y tras la clásica pregunta de “¿Y a qué te quieres dedicar cuando grande? nos contesta, sin ningún pudor ni restricción: “Quiero jugar para el Barcelona”.

Con su tono de voz convincente y su ímpetu resuelto a volver como siempre a la cancha, nos relata algunas de sus proezas en competencias interescolares, las herramientas que le han proporcionado en la Escuela y el apoyo incalculable que le han brindado dentro del hogar.

Cerramos el recinto mientras las luces se apagan y damos por finalizada una de una sus tantas jornadas de entrenamiento. Allí, nos atrevemos a vaticinar, florecerán nuevos y grandes referentes para el futuro deportivo de nuestro país.